Por Leopoldo R. Jacome
Alejandro Martínez Araiza sobre sindicatos, inteligencia artificial y quién será dueño del trabajo que viene
Por Leopoldo R. Jacome | Artículo 0
Esta vez salí del teclado.
Artículo 0 casi siempre empieza frente a una pantalla. Documentos abiertos, notas que se van acumulando, alguna sentencia pendiente y café que termina frío porque, aparentemente, beberlo a tiempo sigue siendo una habilidad que no he desarrollado.
Esta vez fue diferente.
Me senté con Alejandro Martínez Araiza
Conversamos. Compartimos tabaco. Nos fuimos de un tema a otro y varias veces regresamos al mismo lugar.
El trabajo.
No el “mercado laboral”, no los indicadores, no la abstracción que solemos usar abogados, empresas y gobiernos cuando hablamos de millones de personas como si fueran una gráfica.
El trabajo como una parte de la vida.
Alejandro es secretario general nacional del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio, el SNAC. Ha construido buena parte de su trayectoria dentro del mundo sindical y representa a trabajadores en cientos de centros de trabajo.
Pero después de hablar un rato con él me pareció insuficiente describirlo solamente como dirigente sindical.
Es un luchador social. Y quizá lo que más me llamó la atención fue que no parecía particularmente interesado en defender al sindicalismo por el simple hecho de pertenecer a él.
En algún momento dijo:
“La solución no es el sindicalismo.”
Me detuve ahí. Porque dicha por un empresario, la frase tendría una lectura bastante obvia.
Pero la estaba diciendo el secretario general de un sindicato.
Así que le pregunté.
Artículo 0: Tú diriges un sindicato y dices que “la solución no es el sindicalismo”. Supongo que sabes que dicha por ti la frase pesa distinto. ¿Qué quieres decir?
Alejandro Martínez Araiza: Que tenemos que preguntarnos en qué nos equivocamos.
Durante mucho tiempo metimos las manos en todo y terminamos haciendo que el trabajador fuera ignorante de sus propios derechos.
Había alguien que sabía por él, alguien que negociaba por él.
Entonces no creo que se trate solamente de decir: “vamos a hacer un nuevo sindicalismo”.
¿Nuevo respecto de qué?
Primero tenemos que entender qué hicimos mal y cómo le devolvemos herramientas al trabajador.
Artículo 0: O sea, el problema no sería representar. El problema empieza cuando representar termina sustituyendo.
Alejandro: Sí.
El trabajador tiene que conocer sus derechos.
Tiene que saber qué está pasando en su centro de trabajo y tener capacidad para organizarse.
Hoy además tenemos herramientas que antes no existían.
La tecnología puede servir para educar, para conectar personas, para ayudar a identificar problemas.
Yo he hablado de que el propio trabajador pueda convertirse prácticamente en un inspector permanente de su centro de trabajo.
No porque vaya a sustituir a la autoridad, sino porque está ahí todos los días. Ve lo que pasa.
Artículo 0: Ahí tengo que meter también a los abogados. Porque construimos un sistema donde alrededor del trabajador siempre hay alguien que sabe más que él: el abogado, el sindicato, la autoridad, el inspector. ¿No terminamos creando dependencia mientras decíamos que protegíamos?
Alejandro: Puede ser.
Y no significa que no hagan falta abogados o sindicatos.
Claro que hacen falta.
Pero una persona informada puede tomar mejores decisiones.
Puede entender lo que firma. Puede saber que algo no está bien antes de que el problema crezca.
Eso cambia la relación.
Artículo 0: Tú llamas a todo esto “Re-evolución Laboral”. ¿Por qué esa palabra?
Alejandro: Porque hay cosas que tenemos que romper, pero también tenemos que evolucionar.
No sirve romper un modelo para construir exactamente el mismo con otro nombre.
Hace algunos años yo hablaba de una primavera laboral que se prometió y no llegó. Decía que estábamos en el Éxodo, pero seguíamos en Egipto.
Hoy estamos en otro punto.
Parte de estas ideas incluso las hemos llevado a Washington.
Ahí planteé algo que para mí es fundamental: no existe el comercio justo con salarios de miseria.
Artículo 0: México durante décadas hizo exactamente eso. Vendimos el trabajo barato como ventaja competitiva. “Vengan a producir aquí porque cuesta menos”. ¿Nos equivocamos?
Alejandro: La competitividad no puede construirse sobre la miseria de quien produce.
México produce muchísimo, pero tienes trabajadores que viven al día, endeudados, sin capacidad real de ahorro.
Entonces falta una parte del circuito.
Una familia que gana mejor también consume, compra, invierte.
Eso fortalece la economía.
El problema es pensar que para competir necesitamos mantener barato al trabajador mexicano.
Artículo 0: Tú llevas el salario mucho más allá de una discusión laboral. Lo conectas con familia, migración, incluso seguridad.
Alejandro: Porque está conectado.
Un salario digno no es solamente el número que aparece en el recibo.
Es un padre que llega a casa con la frente en alto. Es una madre protegida. Es que una persona no tenga que irse de su país porque aquí no puede sostener a su familia.
Cuando una familia está fuerte, también cambia lo que ocurre alrededor de ella.
Por eso digo que el salario también tiene una dimensión de seguridad, de familia, de migración.
El trabajo sostiene muchas más cosas de las que normalmente ponemos en la conversación.
Artículo 0: Y ahí aparece algo que no se escucha demasiado en el lenguaje corporativo. Tú hablas de dignidad, de familia, de Dios. No sólo de productividad.
Alejandro: Porque la dignidad humana no viene de una empresa.
Tampoco del Estado.
La empresa la puede respetar o no respetar. El gobierno también.
Pero no te la están dando.
Y con la tecnología pasa algo parecido. La innovación tiene que servir al ser humano. Si no, ¿para qué estamos innovando?
Artículo 0: Has dicho que el costo de tratar a la mano de obra como desechable termina siendo la “putrefacción del tejido social”. Suena durísimo.
Alejandro: Porque las consecuencias no siempre aparecen en el balance de una empresa.
Se ven después.
Las ves en familias, en migración, en violencia, en personas que trabajan y aun así sienten que no avanzan.
Puedes tener una empresa funcionando muy bien y alrededor una comunidad completamente deteriorada.
Eso tarde o temprano también te alcanza.
Artículo 0: ¿Y cómo llegas con esta conversación a Washington?
Alejandro: Se abrió el proceso para escuchar posturas de cara a la revisión del tratado.
Participaron alrededor de mil quinientas instituciones de los tres países y tuve el privilegio de ser uno de los mexicanos escuchados.
Yo fui a plantear que lo que sucede en México también le importa a Estados Unidos.
Si tienes pobreza, inseguridad y migración forzada, eso no termina en la frontera.
Cuando al trabajador mexicano le va bien, al estadounidense también le conviene.
Una frontera segura también empieza con un mexicano que no tiene que salir de su país para poder vivir dignamente.
Artículo 0: ¿Qué pediste?
Alejandro: Tres cosas.
Formalización del empleo y un salario base fuerte en la región.
Fortalecer el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida.
Y proteger liderazgos y movimientos sociales auténticos frente a violencia, intimidación y fake news.
Yo no creo que al tratado le haga falta solamente cambiar unas comas.
Necesita una revisión de fondo.
Artículo 0: También dijiste algo allá que seguramente no pasó desapercibido: que no puede haber un “America First” con un “Mexico Last”.
Alejandro: Porque ellos también tienen que cumplir con lo que exigen.
Y porque la siguiente frontera va a ser tecnológica.
Ahí hemos hablado del Digital Bill of Rights, de transparencia algorítmica, del Dividendo Tecnológico.
México no puede seguir pensando que su único atractivo es ser barato.
Y yo lo he dicho: no se vence a China queriendo ser China.
Artículo 0: Quiero entrar ahí porque quizá es donde la conversación cambia por completo. Seguimos intentando corregir salarios, sindicatos, contratos colectivos… y mientras tanto llega la inteligencia artificial. ¿No estamos reparando el siglo XX mientras el XXI nos mueve el piso?
Alejandro: Probablemente.
Hace dos años advertíamos sobre la inteligencia artificial y creo que nos quedamos cortos.
Hoy una tecnología puede cruzar una frontera digitalmente y desplazar empleos sin visa, sin muchas de las reglas que durante décadas construimos alrededor del trabajo.
Y lo que viene después es todavía más rápido.
IAs creando IAs.
Una capacidad enorme concentrada en pocas empresas.
Entonces la pregunta es qué lugar va a tener el ser humano en todo eso.
Artículo 0: Normalmente la respuesta es decirle al trabajador que se capacite. Que aprenda IA. Que se reinvente. Que vuelva a capacitarse. Y después, supongo, que vuelva a reinventarse.
Alejandro: Ese es el problema.
No vamos a ganarle a la inteligencia artificial o a los robots en muchas tareas.
Entonces no basta con decirle a la gente que compita contra ellos.
Yo planteo otra cosa.
Los trabajadores debemos ser dueños de las tecnologías que pretenden sustituirnos.
Tenemos que aprender a gestionarlas, dominarlas y monetizarlas.
La tecnología tiene que generar también para nosotros.
Artículo 0: Cuando dices “dueños”, ¿literalmente dueños?
Alejandro: Sí.
De eso estoy hablando.
Se pueden crear cooperativas digitales, mecanismos para que los trabajadores tengan participación en robots, plataformas, agentes de inteligencia artificial.
Piensa en los conductores.
Si mañana una flotilla de vehículos autónomos hace parte del trabajo que hoy hace una persona, una posibilidad es decirle: “perdiste tu empleo, aquí está tu compensación”.
La otra es preguntarnos si ese conductor puede tener participación en esa flotilla.
Ese es el Dividendo Tecnológico llevado más lejos.
No solamente recibir algo. Tener propiedad.
Artículo 0: Entonces ya no estamos hablando únicamente de derecho laboral.
Alejandro: No.
Estamos hablando de quién va a ser dueño de esas tecnologías.
Porque los trabajos van a cambiar.
Eso va a pasar.
La discusión es qué sucede con las personas cuando cambien.
Artículo 0: ¿Quién debería ser dueño de la IA?
Alejandro: También los trabajadores.
No digo que exclusivamente ellos.
Pero no podemos construir un mundo donde toda la tecnología que genera riqueza pertenezca a muy pocas personas y después esperar que eso no tenga consecuencias.
Artículo 0: Aquí quiero aplicar tu propia crítica contra tu propuesta. Si dices que el viejo sindicalismo concentró conocimiento y representación, ¿qué impide que La REBEL termine concentrando otra forma de poder, ahora tecnológico?
Alejandro: La tecnología tiene que servir para educar, organizar y empoderar.
Ese es el objetivo.
Si únicamente usamos tecnología para repetir lo mismo, no tendría ningún sentido.
La REBEL tiene que darle herramientas al trabajador.
Artículo 0: ¿Quién vigila al algoritmo que pretende vigilar al patrón?
Alejandro: Por eso hablamos de transparencia algorítmica.
Y de derechos digitales.
No podemos hablar de tecnología al servicio de las personas si las personas ni siquiera saben cómo está funcionando esa tecnología.
Esa conversación también la tenemos que dar.
Artículo 0: Hay una narrativa muy fácil en materia laboral: trabajador bueno, empresario malo. Funciona para la consigna, pero la realidad suele ser bastante más molesta. Tú hablas de reconciliación.
Alejandro: Sí.
Las empresas tienen que competir.
Tienen que innovar.
Yo no estoy en contra de eso.
Lo que digo es que la competitividad no puede depender de abaratar siempre el trabajo.
Tenemos que lograr una relación diferente entre trabajadores, empresas y gobiernos.
Con el ser humano al centro del progreso.
Artículo 0: Y los sindicatos también tienen que revisar lo suyo.
Alejandro: Claro.
Por eso digo: ¿en qué nos equivocamos?
No podemos decir que todo es culpa de la empresa o del gobierno.
Nosotros también tenemos responsabilidad.
Si el trabajador dejó de conocer sus derechos porque siempre había alguien hablando en su nombre, tenemos que reconocerlo.
Si queremos construir otra cosa, primero tenemos que aceptar eso.
Artículo 0: Los abogados también vivimos alrededor del conflicto. Lo prevenimos, lo negociamos, lo litigamos. A veces el sistema incluso premia que dure. ¿También necesitamos revisar nuestro lugar?
Alejandro: Todos.
Empresas, sindicatos, abogados, autoridades.
Todos tenemos que revisar qué estamos haciendo.
Porque el objetivo no debería ser administrar conflictos eternamente.
Tiene que ser construir mejores relaciones y resolver problemas.
Artículo 0: Si quitamos las siglas, los estatutos y todo el ceremonial que hemos acumulado durante décadas, ¿cómo imaginas un sindicato dentro de veinte años?
Alejandro: Muy diferente.
Con mucha más tecnología.
Pero también con trabajadores mucho más informados.
Organizaciones que ayuden a formar, conectar, organizar.
Que permitan detectar problemas antes.
Eso es lo que estamos intentando construir.
Artículo 0: Pero eso tiene una consecuencia para quien dirige. Un trabajador que sabe más depende menos de ti.
Alejandro: Y está bien.
Ese debería ser el objetivo.
Yo no quiero que una persona necesite llamar al sindicato cada vez que tiene que saber si algo está bien o está mal.
Quiero que lo sepa.
Después podrá necesitar representación, asesoría, organización colectiva, claro.
Pero tiene que conocer sus derechos.
Artículo 0: Hace cuatro años presentaste la Re-evolución Laboral. Ahora parte de esas ideas se discuten en Washington. ¿Qué te hace pensar que vas por el camino correcto?
Alejandro: Que hemos avanzado.
En 2022 algunas cosas parecían muy lejanas.
Hoy estamos participando en otras conversaciones.
Pero la idea sigue siendo la misma: recordar nuestras raíces, reivindicar nuestra lucha y buscar reconciliación entre trabajadores, empresas y gobiernos.
Poner al ser humano en el centro del progreso.
Las luchas futuras serán por nuestra humanidad.
Después del humo
El tabaco se terminó antes que la conversación.
Y me fui con una idea dando vueltas.
Durante más de un siglo construimos prácticamente todo el derecho laboral alrededor de una relación conocida… alguien posee los medios para producir y alguien pone su trabajo.
A partir de ahí discutimos salario, jornada, descanso, prestaciones, seguridad social, sindicatos, indemnizaciones.
¿Cómo proteger? ¿Cómo equilibrar? ¿Cómo repartir?
Pero la tecnología empieza a mover una pieza que dábamos por sentada.
¿Qué pasa cuando cada vez hace falta menos trabajo humano para producir determinadas cosas?
La respuesta habitual parece ser decirle a la persona que se adapte, aprenda, se actualice, encuentre la siguiente actividad donde todavía sea necesaria y después que vuelva a hacerlo.
Hay algo profundamente desequilibrado en exigir adaptación infinita a las personas mientras tratamos como inevitable la concentración de aquello a lo que tienen que adaptarse.
Ahí encontré la idea que más me interesó de toda la conversación con Alejandro.
No fue su crítica al sindicalismo.
Fue la propiedad.
Durante décadas preguntamos cuánto debía recibir quien trabaja.
Quizá ahora tengamos que preguntar también:
¿Qué debería poseer?
Porque si una máquina, un algoritmo o una plataforma van a producir parte del valor que antes producía una persona, la discusión no tendría por qué limitarse a cuánto vamos a darle cuando deje de ser necesaria para esa tarea.
También podemos discutir quién será dueño de esa herramienta.
Eso cambia mucho.
Ya no estamos hablando solamente de empleos.
Estamos hablando de capital.
De propiedad… De quién puede decidir.
Y entonces regresé a la frase con la que prácticamente empezó nuestra conversación:
“La solución no es el sindicalismo.”
Después de escucharlo, creo que entiendo mejor lo que hay detrás.
No necesariamente una negación del sindicato.
Más bien una negativa a tratar cualquier institución como si su sola existencia fuera suficiente.
Un sindicato sirve mientras sirve al trabajador.
Un abogado sirve mientras sirve a la persona que representa.
Una empresa no existe aislada de quienes trabajan en ella ni de la sociedad donde opera.
Y la tecnología tampoco debería convertirse en otro altar frente al cual simplemente aceptemos que el mundo cambió y no hay nada que discutir.
El trabajo va a cambiar.
Eso parece bastante claro.
Lo que todavía no está escrito es quién tendrá voz, propiedad y capacidad de decisión en lo que venga después.
Ahí está la conversación.
Y probablemente también la pelea.
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