Por Leopoldo R. Jacome
Pero sí revelan dónde duele
Los rankings son un espejo distorsionado. No muestran lo que somos, sino lo que incomoda al sistema que nos mide. No dicen “esta persona es la mejor”, dicen “esta persona no pudo ser silenciada”.
Favikon publicó su listado y ahí aparezco:
#2 en Law & Justice México#8 en Law, Medias & Politics México#20 en Law & Justice Worldwide (Español)
- #2 en Law & Justice México
- #8 en Law, Medias & Politics México
- #20 en Law & Justice Worldwide (Español)
Tres posiciones, tres etiquetas, tres medallas que sirven menos como ornamento y más como síntoma. Síntoma de que la conversación jurídica ya no se limita a expedientes olvidados en escritorios ni a códigos citados en voz baja entre colegas. La justicia, o su ausencia, se discute ahora en aulas, foros digitales, medios internacionales y en ese espacio donde las palabras incomodan a los poderosos: lo público.
Pero no nos engañemos. Los rankings no son justicia. La justicia no cabe en un número, ni en un lugar de una tabla comparativa. La justicia se juega en las calles, en los tribunales laborales que se atreven a resistir, en los cuerpos desgastados de las personas trabajadoras que deciden no callar más.
El problema es que la justicia verdadera rara vez se mide. Porque lo que importa no es quién aparece arriba en un listado, sino cuántas vidas logran defenderse contra estructuras diseñadas para triturarlas.
El espejismo de la visibilidad
¿De qué sirve estar en un ranking si las empresas siguen despidiendo a quienes alzan la voz? ¿De qué sirve la visibilidad si los ministerios públicos siguen integrando carpetas de investigación con descuido, condenando a víctimas a una segunda victimización? ¿De qué sirve ser “influencer jurídico” si la academia sigue guardando silencio frente a la precarización laboral que vive su propio alumnado?
Sirve, quizá, para una cosa: incomodar. Porque cada voz que escala posiciones en estos listados arrastra consigo un recordatorio de lo que el discurso empresarial quisiera mantener invisible.
La justicia pendiente
Cuando me colocan en el #2 de Law & Justice México, no lo leo como un triunfo personal. Lo leo como una herida colectiva que todavía no cierra. Cuando aparezco en el #8 de Law, Medias & Politics México, lo interpreto como una advertencia: que la política y la comunicación legal siguen siendo campos de batalla donde lo que se juega no es la narrativa, sino la dignidad. Y cuando estoy en el #20 de Law & Justice Worldwide en Español, lo tomo no como un reconocimiento global, sino como evidencia de que los problemas locales (la discriminación laboral, el acoso, la violencia estructural) resuenan en cualquier idioma.
El verdadero ranking que me importa es otro: el de cuántas personas trabajadoras logran defender su empleo, cuántas víctimas obtienen reparación del daño, cuántas historias de injusticia logran transformarse en precedentes de dignidad. Ese listado no aparece en LinkedIn ni en ninguna plataforma. Ese ranking se escribe en silencios rotos y en resistencias que no salen en la prensa.
Artículo 0 y la voz incómoda
Desde Artículo 0 lo tenemos claro: no defendemos documentos, defendemos personas. Y eso implica asumir un lugar incómodo, tanto en los tribunales como en el debate público. Porque incomodar no es un accidente, es la estrategia.
El derecho que se encierra en oficinas se convierte en papel mojado. El derecho que se atreve a salir, a exponerse y a cuestionar, es el que puede incomodar estructuras de poder que llevan décadas intocables.
Los rankings son anecdóticos. La incomodidad que provocan, no.
Epílogo necesario
Recibir un reconocimiento nunca será el final de la historia. Es apenas el inicio de otra obligación: mantener la voz afilada, no dejarse domesticar por las cifras ni endulzar por los aplausos.
Porque si algo enseña estar en un ranking es esto: que lo verdaderamente peligroso para el poder no es un abogado en la cima, sino una comunidad de personas trabajadoras que dejan de aceptar la injusticia como normalidad.
Y en esa lucha, el número al lado del nombre poco importa. Lo que importa es que la conversación ya no puede silenciarse.
☕ Nos leemos la próxima semana. Aquí hay pausa. Aquí hay café. Aquí hay verdad sin gritos. — Artículo 0
Fuente original: LinkedIn.